viernes, 13 de diciembre de 2019

Del altar a leyenda

Te hago mi poema, 
te hago mi sol, 
como el árbol a la madera
y los novios al amor.
Te hago mi historia secreta, 
eres todo lo que soy yo, 
y todavía me ames cuando muera, 
seré un latido más de tu corazón. 
Te hago bella de bellas,
me haces perder el control,
así te rimen las caderas, 
así me haces perder la razón. 
Serás siempre eterna, 
mágica, un mito, un dios,
única en esta letra
que te escribo con tanto amor. 

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

viernes, 6 de diciembre de 2019

El amor más grande

El amor es el único deseo
que un genio prohíbe regalar
por simple dignidad, por respeto
o por no ser bueno. 
Es indígena, indisciplinado, bello, 
y no compara forma, estilo, arrugas
o vejez que camina por el rostro, 
pues el amor puede más que el detrimento. 
Se viste de pobre en vez de dinero, 
se hace a diario en vez de en años, 
así logra que el detalle valga grande, 
y la recompensa eterna: un beso. 
El amor es para todos, incluso para el cuerdo, 
que el loco ya sabe amar,
y no le hace falta saber que el mundo
es más feliz con amor que con abatimiento.
 El amor siempre viaja al cielo
con billete de ida y no de vuelta, 
como esa ilusión infinita
tan común en este planeta, pero de otro tiempo. 
El amor se hace en silencio, 
es un poema de libre albedrío,
es una canción, un dulce, azúcar en café…
es poder darte todo el universo. 
Y el amor más perfecto
no cabe siquiera en las palabras, 
pero se inventaron dos únicas
con las que decirte: “te quiero".

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

martes, 3 de diciembre de 2019

Adiós a otra vida

La vida viaja a través del aliento
y queda impregnada en las ramas
de los gritos de la garganta, 
como soplo que lleva el viento. 
Desgarra las notas de un tamborilero,
y la muerte se hace dueña, 
se hace nueva vida en el mundo
como quien roba a un niño, un caramelo. 
Es ese pájaro carpintero
que desquita el sueño de la mañana;
y así la vida se va, así la vida se queda
como quien señala el Juicio con el dedo. 
Por una ventana huye, de arrugas de viejo, 
ya ríe por la ponzoña de atrás;
y así la vida se va, así la vida se queda
como quien dice la verdad, con un cuerno. 
Fue la muerte tan lista, pienso, 
que la vida de aquel llevó,
la de ese la deja, la del otro la elude, 
y la del siguiente: robado, desnudo y muerto. 
La astucia de la muerte, luego, 
la vida misma fluye en numen;
y así la vida se va, así la vida se aleja
como el héroe al cementerio. 
Dejar la vida sin más, terrible suceso, 
sucio puñal traidor que veja la mano;
y así la vida se va, así la vida se aleja
como sangre del que ya ha donado ciento.
Lenta, suave, la vida es misterio, 
y con ese sentido del humor que padece, 
nace y deja morir a una madre
cuando le arrebata al niño un médico. 
Qué irónica es a veces, me quejo, 
si le escribo un dilema;
y así la vida se va, así la vida me lleva
como una silla de ruedas para un parapléjico. 
Pero qué fuerte es otras, temo,
cuando la miro de frente;
y así la vida se va, así la vida me lleva
como un joven titán con alma de ancestro.
Y qué orgullosa se vuelve, reprendo,
cada vez que engaña, miente, 
injuria, destroza, se hace julieta
para que no exista ya ningún romeo. 
Para eso está la muerte como perro:
la corta en pedazos inmisericordes;
y así la vida se va, así la vida se muera
con un grito de dolor eterno. 

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El peso de un beso

No hago más que soñar letras de amor, 
en cada rama, en cada árbol, en cada mesa, 
y si luego las escribo con primor
con la mirada de un delincuente que le pesa
tanto oro en los bolsillos, a tal traidor
que le robó el corazón a una doncella, a esa, 
esa que para ella dedico una flor, 
cien besos, mil poesías, la leyenda que te besa
en los estrechos mundos del dolor, 
y así caigo demente en tu boca, presa
de la pasión, vivo de felicidad, ¡Señor!,
y digo adiós al mundo, no me interesa, 
para dejarme en ti, tú mi reina, y yo gobernador. 

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

jueves, 21 de noviembre de 2019

Cabello de Ángel

Desde la infinidad de un cabello, 
así es el amor, ligero pero fuerte, 
tan corto como una uña, 
tan profundo como el universo. 
Así, un pájaro se lo lleva con palos de ciego
a su nido íntimo para cuidarlo;
esas ramas que crean un hogar,
y el inicio del primer beso. 
Expertos, no temáis por este memo
que no sabe de amor, 
pero entiende que de un poema
el amor es más listo que un genio. 
Profesores, no enseñéis frialdad a los juegos
de los pobres niños, que de amor los dan;
y luego el estudio, si no aburrido, 
que crezca en adulto, y de anciano recuerdo. 
Religiosos, ¿qué es Dios, sino Amor e Infierno?
Ay, pobre diablo que se queje
que sufre por una doncella, reina
y propietaria suya, y muera por romeo.
Oh, Cervantes, Lope, Neruda y todos ellos, 
naciones andantes que con su pluma
cambiaron el mundo, el mío
y el de cada loco y cuerdo. 
Así que apunta bien, amigo etéreo, 
que si por el amor te enamoras,
la competencia es ardua,
con tanto garbanzo en este puchero.
¡Don Juan!, así me llamaron en esto, 
sentido chaval, hombre cotidiano, 
y de noche por la ventana
siempre le sonrío a lo que más quiero. 
Y tartamudea mi lengua en su gesto,
elegante entre las estrellas, 
que ni Da Vinci puedo haber pintado
tamaña belleza en mi cielo. 
Y cuando toco el Árbol del Deseo,
que sus ramas sean letras,
caricias y amor mismo, 
como la infinidad de su cabello.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

viernes, 15 de noviembre de 2019

Hombre de acero

Véase bien este mar de rocas
que por asomar canas de alfiler
en esta cabeza hueca, 
hay solo furia en su boca. 
Insulta su humildad, y no valora
el sarcasmo de un elefante,
ese que grita por un ratón
cuando el queso lo lleva en la trompa. 
¡Fuego, rabia y moscas!
Así está el muro que me devora
como tren de mercancía oxidada;
tantos años encima, 
y con un corazón lleno de gloria. 

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España. 

martes, 12 de noviembre de 2019

Columnas de Hércules

Espacio y tiempo se unen a nuestro beso, 
las estrellas, testigos del milagro, 
se llenan de orgullo al contemplar
lo que fuimos, somos y seremos. 
Este atuendo que es nuestro abrazo perfecto, 
esculturas que dan fe de ser reinas del cosmos,
o como un equipo de fútbol, rugby,
balonmano o uno de baloncesto. 
Una unión excepcional, desbaratada de todo elemento, 
dos titanes que sostienen la Tierra
y lo que no es de ella,
así somos tú y yo: la perla del cuello.
Ni Morfeo nos dormirá o el Hades vestido de muerto
serían capaces de destruir nuestro bastión,
consejo de reyes, dios de dioses…
Así es lo que nos une como digno trono en su templo. 
Ni la cadena tan apretada y llena de fuego
es tan sabia y separe lo inseparable, 
junte los desvelos, trozos de papel
o lágrimas por el nuevo deseo. 
Esa pasión por cubrir nuestros cuerpos
con el calor del otro, ríos que emanan
de la montaña más alta del mundo,
y no el Everest, sino las que siempre miran al cielo. 
Pirámides que esconden tantos secretos…
¿y el nuestro?, dentro de cada una
un mensaje indescifrable, una runa carcomida
o somos el Arca dentro de su propio misterio. 
Atemporales, imperiosos, mágicos a descuento, 
ni el rayo más conspirativo de las nubes
nos podría separar de nuestra congelación, 
fijos por siempre, ancestros del futuro, eternos. 

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

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