martes, 29 de septiembre de 2020

El cuervo de Lorca

Aprieta tanto como un corpiño

este traje de soledad,

abierto de par en par,

escotado como un vestido.

De cintura para abajo, niño

con pies de poco mundo, 

ansia de ver el verde,

ese que llaman el Paraíso.

De pecho en precio esculpido, 

ojos de coral, mar en descanso eterno;

si las arenas hablaran…

Para qué decir lo que ya está dicho.

Se fueron las sonrisas, latidos, 

corazones enervados llenos de energía, 

vida feliz, abrazos, besos

y un sinfín de cariños.

Se fue, todo se fue al abismo;

de ahí partí cual cuervo

con pico de peste, corazón barroco

y alma de Lorca en un chiquillo. 

De ahí me fui con alas de cervantino;

mucha honra espera a quien poetiza

las praderas interminables del amor, 

como yo, un hierbajo entre tanto espino.

“Sé feliz”, dicen al cautivo;

recuerdos que desaparecen

ahuyentados por el furor de amar

aunque se esté, en el olvido.


© 2020 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).

España.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Fugaces

Estrella fugaz, cortaste mi sueño,  
desperté peinado de bestia,
falto de besos, camas,
soledad incansable, lleno.
Siempre ha crecido conmigo, la llevo
por los caminos de cada letra,
entre lágrimas de impotencia,
al odio que me corroe por dentro.
¿Cuánto queda, cuándo no habrá tiempo?
Estrella fugaz, déjame dormir,
visita otros cuentos, habla de niños
y entrega este ser a otro universo.
© 2020 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Una voz en el sereno

Cuando las hojas besan el cielo,  

el beso, besan,

se envuelven en rumor,

raíces del deseo.

Bosque de poemas, fuego,

ceniza mi descanso, llama de tierra,

aquelarre sean mis emociones,

bailes de brujas y carneros.

Cuando las estrellas avisan, ciego,

las hojas ya no besan,

son la lengua del mudo,

idioma del universo.

Propietaria de los silencios,

musa de hasta un crimen,

quien asesina el amor,

luna, es un poema para el muerto.

Cuando las hojas lloren sereno,

la vida será más tierra que carne,

este árbol, mi descanso

y mi raíz, el último beso.

© 2020 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).

España.

lunes, 7 de septiembre de 2020

De jóvenes

La vejez yacía en tu piel, amor, 

ataviada de luz, ángel perdido,

moscas en las montañas

alejaban su peste de tu calor;

y el verde… Verde era mi color,

abrazado de ello, pasto, silencio,

inquietud, castidad para el mundo

que duele tanto como mi dolor.

Y te vi de lejos, amor…

Sonrisa misma del mar

cuando sus olas mueve

en honor a la orilla, templadas al sol.

Tus pasos lozanos, pies de carbón;

cruzaste mi mirada, orbes de paraíso;

dejaste atrás, con humildad, el espero…

Nos dijimos todo en un modesto adiós.


© 2020 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).

España.

martes, 1 de septiembre de 2020

Nimiedades

El último metro de una montaña, 
la décima gota de una lluvia, 
esa letra del final del “te quiero",
el fuego de la cama,
cada vez que se te cae una pestaña,
el quinto infierno del enfado,
cuántas arrugas tiene la experiencia, 
el límite entre dinero y fama,
la sonrisa de tu primera paga, 
la nota terminal de una orquesta, 
días que tienes esa música en la cabeza,
la primera estrella que viste en tu infancia, 
la sonrisa de tu madre anciana,
el límite del eterno universo, 
¿dónde está ese ser llamado Dios?,
el espejo donde miras toda tu alma.
No hay nimiedad en lo que hagas,
en cada latido de la vida, 
ni el amor siquiera;
ese es el todo en la nada. 

© 2020 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

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