miércoles, 2 de mayo de 2018

Heroína de novela

Corta la espada que raya la mesa,
jengibre que mancilla el vaso
con el que se toma el vino
de las buenas fiestas.
"¡Viva el poder!", gritaba una doncella,
que con ansioso destino por ser libre,
necesitó oírse como orgasmo al universo,
como ADN del mundo, de esta Tierra.
Abandonó su hogar atestado de fieras
que siempre le devoraban las entrañas,
le comían el alma, la fe, la libertad,
hasta engullían su imponente guerra.
Esa guerra que ella mantenía en su cabeza,
una de revolución, de levantamiento,
de misión que iniciaría en su estandarte:
la mujer de una nueva bandera.
Omnipotente, dejó atrás el pasado tras la puerta,
cerrado, bajo llave de oro, enquistada
en las joyas que nunca tendría,
ni pendientes que la adornaran de vieja.
Alzó vista al cielo, donde Dios, en pena,
llovía el Diluvio Universal por segunda vez,
solamente por ella, por la mujer esclava;
por la mujer que jamás pudo ser caballera.
"¡Oh, Dios! ¡Testigo eres de mi fuerza!",
esas palabras fueron el trueno de Zeus,
el maremágnum de unas lágrimas
que una mujer lanzaba con férrea diestra.
Libre fue entonces, sin hombres a su problema,
sin maltratos, prejuicios, violencia, angustias
o cualquier desgracia que la acorralaran.
Así debía ser ella: la heroína perfecta.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

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