domingo, 20 de noviembre de 2022

La arquitectura

 La arquitectura es una de las siete bellas artes mundiales, y promete obras de construcción arquitectónica para las personas. Es una historia única que tiene sus orígenes en la Prehistoria, edades en las que todavía no se tenía constancia sobre lo que significaba un refugio donde tener todas tus cosas bajo un buen techo y decorado al gusto.

 Tras el declive de las cavernas, la raza humana tuvo que iniciar la construcción, una labor prontamente difícil, pero que, a la vez, segura a largo plazo. Los refugios, eran llamados, para quienes querían cobijarse de la intemperie y no de manera natural, como lo eran las cuevas. No obstante, las plantas y árboles eran el siguiente paso de la naturaleza para cubrir sus cabezas de los estragos del tiempo. Sin embargo, esto no duraría mucho, por lo que las gentes milenarias tuvieron que emplear la piedra y otros materiales más imperecederos. Tiempo adelante, las tribus y posteriormente las civilizaciones, dieron luz a las decoraciones, las religiones y sus cultos sacro-ornamentados.

 Los griegos como grandes sabedores de las magnánimas obras arquitectónicas fueron los que llamaban más la atención en toda Europa. Se situaron en el mapa como ciudades-Estado y ubicaron en ellas un centro de culto y política monumentales, demostrados en palacios y templos. De aquí podemos destacar, según fuentes de www.historia-biografia.com, que el primer urbanista de la historia fue Hipódamo de Mileto, quien creó las calles rectas para configurar las manzanas, plan que todavía hoy día, después de tantos siglos, se conserva. Así amanecían colosales edificios de arte arquitectónico, como el Ágora, que era una plaza al aire libre donde hacer reuniones de todo tipo, especialmente políticas. Se crearon también los estratos: los más bajos eran los esclavos, los de nivel medio eran los libres y en la parte alta, los nobles que vivían en la acrópolis.

 En cuestión de arquitectura romana, cabe destacar tres períodos: dórico, jónico y corintio. Eran construcciones altas de porte delgadamente ancho para soportar estructuras de cubierta. Al principio eran simples, pero, más adelante, fueron modificadas para tornar en obras de arte, sin dejar de cumplir su principal función, que era la de ser una pieza de construcción.

 Probablemente, la arquitectura medieval fue la más agraciada en cuestión religiosa, debido a sus catedrales. Tras la caída del Imperio romano en el 476 d.C., comienza la Edad Media y su surgimiento como nueva civilización mundial al dejar atrás la Edad Antigua. En esta nueva era, la Iglesia tenía el poder. Ella mandaba y ella decidía. Y así lo demostraba en sus construcciones con las dotes de gremios, en vez de arquitectos. Lo que promulgaban era el goce del miedo con arte apocalíptico en temas alzados contra el Diablo, además de “llevar al cielo la fe” con la creación de las cúpulas. Esto se arraigaba en la belleza interior: el alma. Sin embargo, con la entrada del arte gótico, se externalizaba, pues se obviaba esta excavación del pecado para confesarlo desde fuera. Se ubicaba más arriba de la cúpula con fachadas en puntas verticales. La entrada de los rosetones, con la arquitectura gótica, embellecía estas estructuras frontales hacia el feligrés, quien debía fijarse en ellos como el “Sol de Cristo”. Uno de los mejores ejemplos es la Catedral de Notre Dame, en París.

 Por el siglo XV que apareció el Renacimiento, la inserción de grandes artistas y sus genios dieron lugar a los mayores inventos artísticos de la Historia. La Iglesia continuaba siendo poderosa, pero menos. La Reforma Protestante fue lo que la había obligado a perder esa tiranía por controlarlo todo. Gracias al Tratado de Architectura, de Marco Vitruvio Polión, se redescubrieron las obras clásicas y las medievales de las que se naturalizó mezclarlas para crear una única fusión. Nacieron los artistas entonces que dibujaban para tener una visión clara antes de iniciar las construcciones. Uno de los grandes fue Leonardo Da Vinci.

 Esta misma época incorporó otras evoluciones: el Manierismo, surgido a finales del Renacimiento, perdía lo clásico, la belleza y las proporciones, además de ser subjetivo e incierto; el Barroco se generó por el absolutismo europeo en el siglo XVII y trataba de formas curvas, elipses y espirales, entre otras figuras; el Rococó, nacido en Francia por el siglo XVIII, rivalizaba contra esas formas del Barroco que destacaban como diezmadoras de la asimetría y grotescas; y el Neoclásico, que se introdujo a mediados del mismo siglo, prolongó el estilo barroquista hasta finales del siglo XIX.

 Con la entrada de la industrialización en el nuevo siglo, las obras arquitectónicas estaban en el punto de mira de la desaparición, por lo que se propuso protegerlas como Patrimonio Artístico de la Historia. Nació el Eclecticismo, Romanticismo y el Neogótico que buscaban este rescate con el fin de crear nuevo arte, conocido como el Art Nouveau, que nació en Francia.

 Ya en el siglo posterior hasta nuestra actualidad, la tendencia ha sido la deconstrucción, es decir, tomar las irregularidades de las estructuras para romper con lo perfecto. Es la arquitectura del futuro, la llamada a la vanguardia que busca una armonía discordante con lo clásico, propia e innovadora de nuestra era.

© 2022 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).

España.

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