viernes, 25 de enero de 2019

A un pedazo de flor

Humilde planta que yaces
en un vasto desierto,
y lo único que ves,
no es nada más que soledad.
Lástima, perjurio, increpancia sin demora,
lo que llueve no son lágrimas,
sino deshechos de destinos;
lo que vienta no son insultos,
sino palabras en contra de las almas.
¿Qué hace un sueño
viajando por el cielo?
Buscar a Dios, su única nube,
o la llamada del Divino Infierno.
¿Para qué vivir con el estigma del dolor,
cuando otras flores crecen
entre castas doncellas de oros,
y pobres de amor?
Para qué ser de la tierra
si de tierra misma condena saciedad,
viste destrucción a pies gusano,
con rostro de ángel, y sonrisa de caído.
De qué vale enamorar al enamorado,
cuando de lágrima escondida
amanece la luna de día
y el sol de medianoche, fuego de estrellas...
Humilde planta que yaces
en un vasto desierto,
y lo único que ves,
no es nada más que la ilusión de un imperio.

© 2019 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

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